Queridos hermanos, les compartimos dos temas que se dieron durante nuestras asambleas de los sábados en la parroquia La Encarnación. La primera estuvo a cargo de nuestro hermano Iván Herrera, la segundo a cargo de Mercedes Párraga, ambos miembros de nuestra comunidad.
«Ha sido inmolado Cristo, nuestra Pascua» (1 Co 5,7). Resuena en este día la exclamación de san Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura, tomada de la primera Carta a los Corintios. Un texto que se remonta a veinte años apenas después de la muerte y resurrección de Jesús y que, no obstante, contiene en una síntesis impresionante – como es típico de algunas expresiones paulinas – la plena conciencia de la novedad cristiana. El símbolo central de la historia de la salvación – el cordero pascual – se identifica aquí con Jesús, llamado precisamente «nuestra Pascua». La Pascua judía, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, prescribía el rito de la inmolación del cordero, un cordero por familia, según la ley mosaica. En su pasión y muerte, Jesús se revela como el Cordero de Dios «inmolado» en la cruz para quitar los pecados del mundo; fue muerto justamente en la hora en que se acostumbraba a inmolar los corderos en el Templo de Jerusalén. El sentido de este sacrificio suyo, lo había anticipado Él mismo durante la Última Cena, poniéndose en el lugar – bajo las especies del pan y el vino – de los elementos rituales de la cena de la Pascua. Así, podemos decir que Jesús, realmente, ha llevado a cumplimiento la tradición de la antigua Pascua y la ha transformado en su Pascua.
Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. Por eso tomen las armas de Dios, para que puedan resistir en el día funesto, y manténganse firmes después de haber vencido todo.
Pónganse en pie, ceñida su cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la fe, para que puedan apagar con él todos los encendidos dardos del maligno. Efesios 6, 12-16 (Biblia de Jerusalén)
Ensayemos una primera definición: el cántico nuevo consiste en una alabanza espontánea e inspirada que brota del corazón de aquel que ha experimentado la salvación.
Si leemos con atención los salmos, comprobaremos que la invitación a entonar un cántico nuevo, que se repite una y otra vez, se relaciona con la experiencia de salvación, con el encuentro con ese Dios fiel y tierno que interviene a favor de los suyos y con la esperanza de que Él vuelva a actuar.
Queridos hermanos, este proyecto que el Señor nos regala está próximo a empezar: la Escuela de Alabanza de la RCC-Perú, que convoca la Coordinación Nacional. Es nuestro deseo y anhelo que los diferentes ministerios de música de los grupos de oración y comunidades del Perú, directores de alabanza y líderes que brindan servicio en sus grupos de oración, puedan iniciar un proceso de formación musical y técnica.